Tuffí Aré Vázquez| Jefe de Redacción
Quién será el que se inscribió 37 veces en el nuevo padrón biométrico? El hecho puede parecer una broma propia de la llamada ‘viveza criolla’ o puede ser tomado como un dato insólito para enriquecer la lista de los Guinnes Récord. Sin embargo, no es tan simple para tomarlo como un chiste o con la sonrisa con la que reaccionó el presidente de la CNE, Antonio Costas, cuando se lo preguntaron el lunes pasado en el programa televisivo No Mentirás.
El engaño es un tema serio que no se debe tratar con sonrisas y merece una atención especial porque está muy enraizado en la conducta de muchas personas. Se ha hecho tan normal engañar, que hasta parece ser ya un estilo de vida. En realidad, muchos hacen del fraude una forma de subsistencia. Ni qué decir del engaño en la actividad política, donde la ética es cada vez un bien más escaso. Hasta parece que la honestidad es un defecto de los que defienden esa virtud.
Ser honrado se interpreta como ser inocente y actuar con inocencia llega a costar muy caro en la política. Definitivamente ésta no es una actividad para quien es ‘demasiado sano’. En realidad, la mala política habitualmente recibe con las puertas abiertas a los que se conducen con mañas y premia a los que incurren en manoseos. Los ‘sanos’ son más bien peligrosos para quienes buscan o se aferran al poder para usufructuar de él.
Por eso hay que rodearse más bien de los ‘vivillos’, que son los que pueden torcer un resultado, falsificar un documento y hasta inscribirse 37 veces en un padrón biométrico. No creo que el que cometió en ese delito haya sido movido por un simple arranque de locura. Lo probable es que ese individuo sea parte de las tradicionales redes de operadores políticos montadas por algún partido para inducir al fraude el 6 de diciembre. Por eso, es una obligación de la CNE y las autoridades descubrir sus vínculos. La primera pista a seguir es esta denuncia.
¿Pudo evitar la Corte Nacional que un individuo se inscriba 37 veces? Por lo que se sabe, técnicamente no se lo detecta en el momento del registro, pero sí en la depuración. Y se lo hizo.
Como esa persona que se registró 37 veces, hay otras que lo hicieron 34 o menos veces, lo que no es un mal exclusivo del proceso actual. En realidad, la doble o la múltiple inscripción es un viejo delito que se sanciona con 15 días de arresto y el doble si se llega a votar, según el Código Electoral.
El biométrico no es la panacea para eliminar todos los viejos problemas del complejo sistema electoral boliviano. El nuevo padrón tampoco es un fin, sino el medio para reducir el siempre latente riesgo de fraude en los comicios bolivianos.
Tampoco la CNE es la ‘corte celestial’ que garantiza por su sola existencia una votación transparente. Ni la mejor de las cortes puede actuar con la suficiente solvencia frente a una cultura del fraude tan enraizada en los propios votantes, en los partidos y en los convocados a cuidar las urnas.
Por eso, no es justo cargar sólo en las espaldas de los vocales la responsabilidad de la transparencia. Con malos ciudadanos seguiremos corriendo el riesgo de que se manchen las votaciones. Para evitarlo, reforcemos todos los controles.
Fuente:
http://www.eldeber.com.bo/2009/2009-11-25/vernotaahora.php?id=091124203001








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